La
fundación del Instituto se realizó en 1928 con el nombre de “Instituto de
Etnología”, bajo la dirección del reconocido etnólogo suizo-francés,
Alfred Métraux (1928-1935), discípulo dilecto de los prestigiosos
antropólogos Paul Rivet y Erland Nordenskiold. El instituto se creó sobre
la base del Museo de Historia Natural de la entonces joven Universidad
Nacional de Tucumán, por iniciativa de un grupo de intelectuales entre los
que se encontraba el fundador y rector de la misma, Dr. Juan B.
Terán.
Alfred
Métraux
En ese entonces,
las directivas de Métraux eran de vanguardia sobre la importancia de
desarrollar investigaciones científicas en Antropología,
Folklore y Arqueología, así como en la necesidad de realizar una buena
divulgación de las mismas. La “Revista del Instituto de Etnología” de la
Universidad de Tucumán y la Revista “Anthropos” publicada en Viena, eran
consideradas las más importantes dedicadas a divulgar la Etnografía de
ambos continentes.
Este auspicioso comienzo de la institución se fue
desgastando lentamente por bajos presupuestos otorgados a la investigación
y por los vaivenes y vicisitudes de la vida político-institucional de
nuestro país.
Después de la renuncia de Métraux, la
institución fue cambiando de dependencias (ocho en total) y nombres según
las políticas universitarias y las de los directores del
momento.
En 1938, con la primera de las dos
gestiones del Director E. Palavecino (1937-39 y 1943-46) se cambió la
denominación por “Instituto de Antropología” y su actividad estuvo
vinculada con la práctica de la Antropología Biológica, la Arqueología y
la Etnografía. Entre ambos períodos lo dirigió R.
Altieri.
En 1947, bajo la dirección de O.
Paulotti, se trabajó en la creación de una Licenciatura en Antropología
semejante a la de México, que concluía con tres
especializaciones: Etnología, Antropología Física y Lingüística. Esta
licenciatura tuvo sólo dos egresados.

Con posterioridad variaría su
designación y su dependencia institucional, siendo directores, entre
otros, B. Males, J. Torres, P. Krapovickas y E.
Berberián.
Hacia 1980 el
entonces denominado Museo de Prehistoria y Arqueología fue trasladado
desde la calle 25 de mayo al 400 (edificio alquilado), y luego de pasar
por una estadía en los sótanos húmedos de la Facultad de Filosofía y
Letras -a la que en ese entonces pertenecía-, fue ubicado en el edificio
del ex diario El Orden -hoy Centro Cultural Eugenio Flavio Virla- Los tres
pisos superiores (1º, 2º y 3º) habían sido remodelados,
acondicionados y asignados especialmente para el Museo de
Prehistoria y remodelados y acondicionados para ello por el Arq. J. De
Lassaletta especialmente para el Museo de Prehistoria (incluía dos salas
de exhibición, una en cada piso; un espacio para su biblioteca “C. Reyes
Gajardo”; espacios de depósitos, montacargas, laboratorio y locales para
los investigadores del mismo). En P.B. funcionaba Extensión Universitaria
con el Auditorio y las dos salas de exposiciones.
Ya en democracia, se
siguió adelante con este proyecto, sin embargo, una vez montadas las
muestras de Etnografía y Arqueología, y finalizado abruptamente el
rectorado del Dr. Salinas, las nuevas autoridades consideraron que el
edificio, -céntrico y atractivo-, era demasiado “importante” para que allí
funcionara Arqueología. Así, se fueron desmantelando del IAM poco a poco
los espacios; se demolieron todas las instalaciones del laboratorio en el
3er piso (mesadas y piletas con tamaños especialmente diseñados) y en la
práctica sólo se mantuvo el 2ndo. piso para una pequeña muestra
arqueológica orientada al público escolar, con su correspondiente
biblioteca de extensión (y esto no sin dificultades, ya que en cada nueva
gestión, diversos funcionarios han pretendido avanzar sobre este espacio
para poner sus oficinas).
Hacia 1986 el Instituto vuelve a ser reorganizado dentro de la
órbita de Rectorado, con la contratación del Dr. Víctor Núñez Regueiro.
Pasa entonces a denominarse “Instituto de Arqueología”, según un proyecto
de V. Núñez Regueiro y M. Tartusi, integrando las colecciones, bienes y
personal del entonces “Museo de Prehistoria y Arqueología”. Pero
una vez más, desmantelado en su mayor parte el proyecto de museo en el
Centro Cultural, se trasladaron sus investigadores y colecciones a un
local totalmente desventajoso para el correcto funcionamiento de la
institución, pero sobre todo para estas últimas (calle San Martín
965). Este edificio tuvo distintas intervenciones edilicias para
adecuar sus espacios a las colecciones pero las obras no se finalizaron y
se mantuvo a investigadores y colecciones en condiciones deplorables por
varios años.
Núñez Regueiro
(foto) fue su director hasta mediados de 1995 y fue co-autor con su
esposa, M. Tartusi del proyecto de creación de la Carrera de Arqueología
que hoy funciona en la Facultad de Ciencias Naturales e Inst. M.
Lillo.
En 1993 el instituto
es transferido de Rectorado a dicha Facultad, en una política general de
descentralizar el Rectorado, y en 1995 se elabora el Reglamento
actualmente vigente, por el cual se procede a la elección del director,
siendo elegido por un mandato de 4 años C. A. Aschero.
A partir de 1997,
en función de dar cumplimiento a sus objetivos, comienza a funcionar como
“Instituto de Arqueología y Museo”, se trasladan por Resolución Rectoral
sus dependencias a la dirección actual (San Martín 1545) ya que era
totalmente inadecuado el local anterior para las actividades museológicas
y de investigación asociadas. Así, se aprueba “realizar una
reorganización de la institución que contemple la mejora integral de
colecciones, bibliotecas, salas de exposición y lugar de trabajo de sus
investigadores”.
En 1995 y por
primera vez entonces, es desde la Dirección del IAM que se enfatiza la
idea de que el edificio abandonado donde había pasado a funcionar también
era importante, en tanto no sólo había pertenecido a una Escuela
Experimental de la UNT sino que había sido construido para ser el primer
Hotel de Inmigrantes de la Provincia.
Cabe destacar que la construcción general data de fines del
siglo XIX, cuando fuera construido como sede del primer Hotel de
Inmigrantes de la Provincia de Tucumán y que posteriormente fuera
acondicionado como Escuela de Agricultura y Sacarotencia de la Universidad
Nacional de Tucumán.
Se consigue información documental y
fotografías de época del edificio y se solicitan diversos subsidios
privados y públicos para sanear las colecciones del IAM y adecuar los
espacios para depósitos de las mismas, laboratorios, biblioteca y muestras
museográficas, respetando el valor histórico patrimonial del
inmueble.
A partir
de 1995 es restaurado, preservando su estilo y siguiendo las directivas sucesivas de la
Dirección de Arquitectura y Urbanismo de la Nación; cátedra de Historia de
la Arquitectura (Fac. de Arquitectura y Urbanismo), y finalmente la
Comisión de Patrimonio Histórico de la Universidad Nacional de
Tucumán.

Antiguo frente del edificio
En
función de lo arriba expuesto, mediante Resolución Rectoral Nº 2239/97 se
declaró de interés universitario la conservación y protección del
patrimonio arqueológico, antropológico y etnográfico, así como el rescate
y puesta en valor del edificio histórico citado.

Tareas de
restauración
Desde entonces las
autoridades del IAM, además de preocuparse por el saneamiento de las
colecciones, montaje de laboratorios de conservación e investigación,
etc., han llevado a cabo tareas tendientes al mejoramiento de los espacios
edilicios con criterio de preservación histórica (contando con el
asesoramiento de los arquitectos Andrés Nicolini y Juan Carlos Marinsalda
de la Dirección Nacional de Arquitectura; y las Arqs. Silvia Rossi y María
José Cánepa, de la cátedra de Historia de la Arquitectura
(UNT).

Actual fachada del
edificio
Todo esto se ha
realizado con fondos provenientes de subsidios ganados en certámenes
altamente competitivos donde se presentaron numerosas instituciones del
país, como por ejemplo, los subsidios Antorchas y Premio YPF a la
Innovación en Museos. La UNT se comprometió a poner una contrapartida en
dinero según lo exigido por la Fundación Antorchas en las bases de su
concurso, pero nunca cumplió, por lo que sólo se contó como contrapartida
con el trabajo de los profesionales involucrados en el
proyecto.
Bibliografía:
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